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Dic/22/2014 

Necesito que el autobús se equivoqué de calle, y que algo diferente le pase a mi día, que la última parada sea el país de las maravillas, del que hace tiempo me mudé. Necesito que la lista de interinos se mueva, y dejar así de mirar todos los días el maldito pdf, que se ríe cruelmente de la ilusión que se me apaga entre las manos. Necesito que alguien se quede a dormir esta noche, que no pida nada, que no haga ruido, sólo reclamo un trozo de calor. Necesito no irme corriendo de tu casa, justo en ese momento en el que tu cara encuentra un hueco entre mis manos, en el instante en que a punto estoy de enamorarme, a pesar de las prohibiciones que me impongo, que me exiges. Necesito el frío de tu suelo, que me recuerda la extraña posición que hemos decidido adoptar.

Necesito que no dejes de soñar conmigo, aunque me sangren los oídos cada vez que me lo recuerdes, aunque ya no te arropes con el agodón de mi cobertor. Necesito tropezarme contigo en el metro, y dejar de rezar de una maldita vez siempre que el vagón se para en tu andén. Necesito tridimensionar la imagen que me regalas en las fotografías, y que vuelvas a llamarme, a contestar a mis mensajes, y a contarme lo que pasa en tu ciudad, que por un momento también fue la mía. Necesito no temblar cuando te tenga delante, como sucumbo al tenue movimiento cada vez que tu nombre se dibuja en la agenda de mi teléfono móvil. Necesito conocerte, para dejar de tener necesidad de hacerlo.

Necesito que la próxima vez que alguien me invite a una suculenta comida de 170 euros, no desaparezca por los pliegues de las sábanas. Necesito no llorar cada vez que escuchó canciones de amor, o hacerlo de tal forma que se me vaya la piel por el desagüe. Necesito gritar, y conformarme con los estrechos límites de ciudad, o quizá salir corriendo por el mundo, sin quedarme a dormir en ninguna posada. 

Necesito que Dios vuelve a decirme que me quiere, que me vuelva a ilusionar, que la tibieza me funda de hielo o de fuego, pero no, así no se puede vivir. Necesito quitarme las gafas, y contar las farolas que hay camino de mi casa con los bultos de la frente. Necesito que alguien me de un abrazo, y que me coja de la mano en el cine. Necesito que nadie me quiera, porque empezaré a tener miedo, y saldré corriendo, huyendo, que es lo único que ya no necesito.

Admin · 228 vistas · Escribir un comentario

Dic/22/2014 

"En esta ciudad la gente choca porque necesita sentir". Así empieza la película, con la sentencia de uno de los personajes, que reflexiona sobre la necesidad de experimentar que seguimos vivos, sintiendo. Nada lejos de la realidad, en mi vida siento que son muchos los choques, los golpes, las colisiones que se producen. Los contactos físicos, los roces, las miradas, se repiten a todas horas, demostrándome que sigo vivo, capacitado para hacer aflorar en la piel un atisbo de sentimiento, de sentido.

No concibo mi vida sin las caídas, sin los reveses, sin las paradas en seco, y el vacío en el que a veces me precipito. En ocasiones el miedo me paraliza, y aún así, sigo empotrándome contra cuerpos, almas y paredes, que van delimitando mi dimensión espacio temporal, que tejen de arañazos y contusiones los centímetros de mi vida, haciéndome caer en la cuenta de que desde que me levanto, me muevo montado en un coche de choque, al que a veces le faltan los frenos, o tal vez la corriente eléctrica no le llegue, condenándolo a la inactividad.

Prefiero chocar, hacerme daño, sentir, sentirme, llorar y reir. Prefiero el ruído de los cristales, al que se desprende del tiempo inapetente. Prefiero salir despedido del auto que me lleva, a utilizar un cinturón cuya única seguridad es la de restar aire a mis momentos. Prefiero los excesos de mis sentimientos a morirme sin saber que se siente. Prefiero tener miedo, a no tener nada por lo sentir miedo.
Admin · 50415 vistas · Escribir un comentario